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miércoles, 12 de noviembre de 2008

Au revoir Miguelson!

Como les he comentado, el pasado fin de semana largo anduve por Sierra de Bahoruco y el sábado, luego de fotografiar los cuervos de la entrada anterior nos dirigimos a un lugar bautizado por nosotros como Warbler Farm (por la gran cantidad de Ciguitas Migratorias que allí se ven) que queda más o menos a un kilómetro de Puerto Escondido, y en el camino nos encontramos con un Baquiní, una celebración para despedir a un niño fallecido (entre recién nacido y siete años cumplidos). Aunque había oído hablar de este tipo de festejo, siempre me pareció un mito...o sea, no podía imaginar que alguien se alegrara en una ocasión tan triste y solemne y sin embargo allí estaba yo frente a esa fiesta, así que dejamos a nuestros compañeros fotografiando aves y nos fuimos Joel y yo a documentar esta expresión popular. Voy a dividir lo que fue mi experiencia personal de lo que he investigado, a lo que seguro habrá que agregar mucho, por lo que les pido que si saben algo me lo hagan saber.

Mi percepción:

De entrada les digo que aunque se trate de una celebración no es un tema fácil, pues revela el grave problema de la pobreza y de la manera en que afecta a los niños. Miguelson, el niño fallecido, llevaba varios días enfermo y la madre que vivía con él en Haití lo mandó a la República Dominicana con la esperanza de que en nuestros hospitales tuviera más oportunidad de sobrevivir. A los 14 días murió...y al momento de enterrarlo la mamá aún no sabía nada sobre el estado de su hijo. Pues había fallecido a las 5 de la mañana y desde esa hora habían preparado el festejo.

El momento en que me topé con este grupo, bailando y cantando en esta carretera polvorienta por varios Kilómetros fue una experiencia alucinante. Como ya dije, solté a todo el mundo en banda y me fui con uno del grupo (Joel, quien además hizo video) a hacerles unas fotos. O sea...visualicen a esta gente sumamente pobre, tan pobre que son millonarios en necesidades, cantando todos entonados como los mismos angeles y acompañando a ese niño hasta el final...me parecía que escuchaba a Ladysmith Black Mambazo, porque eran cantos responsoriales. Al bebé de año y medio (insisto, no es un relato fácil) lo llevaban a enterrar en una caja de arenque y las canciones eran preciosas...me siguen? Ven la dualidad?
Se dice que al acompañar al niño los participantes, familiares o no, se aseguran de tener un aliado en el cielo, un angelito que los cuide. Por eso no lloran sino que todo es alegría...beben triculí y bailan. Los seguí hasta el cementerio, les hice fotos, hablé con ellos...se rieron conmigo, me cantaron y trataron de enseñarme alguna canción, me liberé de cualquier prejuicio para acoger esa experiencia y tratar de entenderla, aún sin compartirla.

Lo que he investigado:

Parece que el Baquiní es una costumbre originaria de Africa Occidental (Yoruba, de la Costa de Nigeria) y se define como una ceremonia religiosa que celebra la alegre partida de un infante. que lo libera de las desdichas de este mundo terrenal, para que pueda compartir con sus ancestros de un mundo espiritual armonioso. Al niño lo visten completamente de blanco y la despedida musical arranca con canciones y tambores. En algunos lugares se observa sincretismo pues se incorporan elementos cristianos, sobre todo las canciones y las oraciones.

El fallecimiento de un niño no escapa a la crueldad y la mezquindad pues hubo un tiempo en que sus cuerpos sin vida se alquilaban a dueños de cantinas para organizar la fiesta, y mientras los padres estaban exentos de pago de bebidas los asistentes pagaban las suyas, de tal forma que los dueños de bares eran a la vez empresarios de pompas fúnebres y los bebés muertos eran entonces una especie de estrella pop muy fugaz. Es triste, pero cuento con que entiendan el sarcasmo y la indignación que me produce saber esto. Miguelson sin embargo, se fue acompañado de personas que no podían cobrarle nada a su padre y que solo podían ofrecerle su entusiasmo, su resistencia y sus canciones.